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La OIT lanza una nueva Guía para apoyar los esfuerzos nacionales contra el trabajo forzoso

2 diciembre 2020

Dado que las personas más vulnerables son las más afectadas por el impacto social y económico de la crisis de la COVID-19, es aún más urgente prevenir el trabajo forzoso y protegerlas de las prácticas de contratación abusivas y fraudulentas.

Foto: Ex trabajadores en régimen de servidumbre trabajando en una cantera de piedra en Bajura, Nepal, 2017 (© OIT/N. Bhattarai)

©lisakristine.com

Para los millones de trabajadores atrapados en situaciones vulnerables, la crisis de la COVID-19 no ha hecho más que exacerbar las condiciones de informalidad, pobreza y explotación. Esto ha dado lugar a un aumento de los casos de trabajo infantil, trabajo forzoso y discriminación.

En el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, la OIT presenta una nueva guía para la elaboración de planes de acción nacionales (PAN) contra el trabajo forzoso, con el fin de apoyar a los gobiernos y a las organizaciones de empleadores y de trabajadores en la protección de los más vulnerables contra el trabajo forzoso, contribuyendo así a lograr la meta 8.7 de los Objetivos de Desarro yllo Sostenible (ODM). La meta 8.7 tiene por objeto erradicar el trabajo infantil, el trabajo forzoso, la esclavitud moderna y la trata de personas.

La guía consta de orientaciones detalladas y ejemplos nacionales que ayudarán a los interesados a formular sus propios planes de acción, coordinar su aplicación y garantizar su buena gestión y evaluación.

Hasta la fecha, 47 países han ratificado el protocolo sobre trabajo forzoso de la OIT (P29). El protocolo es un instrumento jurídicamente vinculante que exige a los Estados que adopten medidas eficaces con respecto a la prevención del trabajo forzoso, la protección y el acceso a la justicia de las víctimas. En particular, exige que los países elaboren políticas y planes de acción nacionales en consulta con los interlocutores sociales.

Es hora de que otros países sigan el ejemplo. Hay una necesidad urgente de transformar la vida de los 25 millones de hombres, mujeres y niños atrapados en el trabajo forzoso. Estas personas son engañadas y coaccionadas, trabajando en condiciones de esclavitud en sectores como el trabajo doméstico, la agricultura, la construcción y la industria manufacturera. No hay un país que no sea afectado.

El fortalecimiento de los principios y derechos fundamentales en el trabajo es clave para reconstruir sociedades más resistentes y equitativas. Si realmente queremos no dejar a nadie atrás, debemos poner a los más vulnerables en el centro de nuestras respuestas políticas, especialmente en el contexto de la crisis de la COVID-19.