>

La crisis afecta a los más vulnerables y el riesgo de trabajo forzoso se dispara

23 agosto 2021

Un reciente informe de la OIT destaca cómo la crisis pone en peligro los principios y derechos fundamentales en el trabajo, a saber, el derecho de sindicación y de negociación colectiva, y la ausencia de trabajo forzoso, trabajo infantil y discriminación en el empleo y la ocupación. Estas normas laborales fundamentales constituyen la base para reconfigurar un mundo del trabajo mejor y más justo tras la crisis.

Foto (inicio de página): Plantación y producción de café, Viet Nam, 2021 (© ILO/Nguyễn ViệtThanh)
Imagen destacada: Empleado de obras públicas, Francia, 2020 (© ILO/M. Crozet)

©lisakristine.com

Para los millones de trabajadores que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad, la pandemia de COVID-19 tiene consecuencias devastadoras. La crisis no solo pone en jaque a la salud pública; el trastorno económico y social hace peligrar los medios de vida y el bienestar a largo plazo de millones de personas. Además, como sus derechos fundamentales en el trabajo están amenazados, ellos y a sus familias se ven sumidos en una mayor inseguridad. Así pues, salvaguardar y ampliar los principios y derechos fundamentales en el trabajo será determinante para el éxito de las respuestas a la crisis en el mundo del trabajo tanto inmediatas como a largo plazo.

El nuevo informe de la OIT demuestra cómo la crisis está afectando especialmente a los derechos laborales fundamentales de las personas más vulnerables y menos protegidas. Nos reunimos con el autor del informe, Scott Lyon, investigador de la OIT, especialista en trabajo infantil y trabajo forzoso, para hablar en particular del efecto de la crisis en el trabajo forzoso.

 

50 for Freedom (50FF): ¿Quiénes son las personas más afectadas por las consecuencias de la crisis de la COVID-19 desde el punto de vista social y económico?

Scott Lyon (SL): Es evidente que los efectos adversos de la crisis no se distribuyen de forma equitativa. Quienes más afectados se ven son los grupos que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad socioeconómica al estallar la crisis; en particular, los cientos de millones de trabajadores de todo el mundo que se ganan la vida en la economía informal, sin protección ni representación social, cuyos ingresos han disminuido o desaparecido por completo a consecuencia de la pandemia. Los grupos que ya sufren discriminación en el empleo, como las mujeres, las minorías étnicas y los pueblos indígenas y tribales, también se han visto demasiado afectados en muchas circunstancias, pues suelen tener empleos inseguros en la economía informal. Todos estos trabajadores corren mayor riesgo de ser despedidos en caso de disminución de la demanda, y no suelen disponer de ahorros a los que recurrir.

Otro grupo perjudicado por la crisis de COVID-19 es el de los trabajadores inmigrantes. Son una de las principales víctimas de la estigmatización y la búsqueda de chivos expiatorios asociados al virus, y también se encuentran entre los excesivamente perjudicados por el desempleo o por la degradación de las condiciones de trabajo. Por otra parte, en muchos países se les priva del amparo de la legislación laboral de la que gozan los trabajadores locales, y se les excluye de las medidas de políticas diseñadas para ayudar a los trabajadores a hacer frente a la pandemia.

 

50FF: ¿Sabemos cuál ha sido el efecto de la pandemia en el trabajo forzoso hasta ahora?

SL: Hay efectos de diferentes tipos. En primer lugar, se sabe que las personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica y sin opciones alternativas de supervivencia o mecanismos para afrontar la situación corren más riesgo de ser víctimas de trabajo forzoso. También se sabe que la vulnerabilidad socioeconómica se ha disparado debido a la crisis por la COVID-19. La servidumbre por deudas, en particular, está asociada a los más vulnerables: algunos trabajadores repentinamente desempleados, con necesidad urgente de fondos para la supervivencia del hogar y sin acceso a otras formas de crédito, deben recurrir a prestamistas leoninos para obtener préstamos.

En segundo lugar, la crisis está provocando un deterioro de las condiciones de trabajo, que ya de por sí son de explotación, de modo que los trabajadores se ven empujados a un proceso que deriva en el trabajo forzoso y la trata de personas. Es probable que la agitación económica asociada a la crisis de COVID-19 también esté aumentando la demanda y las oportunidades de trabajo forzoso. Se corre el riesgo, por ejemplo, de que haya empresas que, agobiadas por las dificultades financieras acarreadas por la crisis, relajen sus estándares laborales o se vean empujadas a la economía informal, donde es más fácil que arraigue el trabajo forzoso.

En tercer lugar, la crisis de la COVID-19 está afectando la capacidad de los actores estatales y no estatales de proporcionar apoyo y protección a los supervivientes, ya que los recursos y la atención de los actores de primera línea se centran en la respuesta a la pandemia.

50FF: ¿Podemos cuantificar este efecto?

SL: Aunque los datos anecdóticos y la información local alimentan los temores de un aumento de las cifras de trabajo forzoso, todavía no se han realizado encuestas nacionales desde el estallido de la pandemia. Por lo tanto, no es posible cuantificar el efecto de la pandemia en el trabajo forzoso en términos precisos. Es obvio que la falta de cifras exactas no debe ser una excusa para la inacción. Lo que sí sabemos con certeza es que el riesgo de trabajo forzoso ha aumentado drásticamente, y que se necesitan medidas urgentes a múltiples niveles para mitigar este riesgo mayor.

50FF: ¿Qué implica ello en términos de respuesta política a la crisis?

SL: Gran parte de la respuesta consiste en velar por que las consideraciones sobre el trabajo forzoso se integren y se prioricen en las respuestas más generales a la crisis y en las iniciativas de reconstrucción ulterior. Por ejemplo, ampliando la protección social y el apoyo a los ingresos para limitar la susceptibilidad a la servidumbre por deudas; reforzando la capacidad de las inspecciones del trabajo para que supervisen con una actitud previsora y estratégica los sectores con alto riesgo de trabajo infantil, trabajo forzoso y otras violaciones de los derechos humanos; relanzando las iniciativas destinadas a crear estructuras de representación colectiva de los trabajadores y a hacerlas extensivas a los trabajadores de la economía informal; y velando por que los pagos públicos adaptados de ayuda a la solvencia de las empresas no excluyan a las microempresas y pequeñas empresas informales que operan en los niveles inferiores de las cadenas de suministro y que han sido devastadas por la crisis y que, por lo tanto, son las más susceptibles de ser caldo de cultivo del trabajo forzoso. Estas medidas vitales en la fase aguda de la crisis, también revisten importancia a largo plazo, ya que abordan algunas de las causas fundamentales del trabajo forzoso y protegen a los grupos más vulnerables.

50FF: El informe trata el efecto de la COVID-19 en todos los principios y derechos fundamentales en el trabajo: la ausencia de trabajo forzoso, pero también el derecho a organizarse y negociar colectivamente, la ausencia de trabajo infantil y la ausencia de discriminación en el empleo y la ocupación. ¿Por qué estos derechos fundamentales deben formar parte de la esencia de la respuesta posterior a la crisis de la COVID?

SL: Son derechos humanos universales e inalienables, pero también son propiciadores esenciales del trabajo decente y la justicia social. Son el punto de partida de un círculo virtuoso de diálogo social efectivo, mejores ingresos y condiciones para trabajadores y empleadores, y la formalización de la economía informal.

El informe subraya que no dejar a nadie atrás –el llamamiento general de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible– significa poner los derechos de los más vulnerables en la esencia de la respuesta a la COVID-19 en el mundo del trabajo.

 

 

Lea el informe completo aquí y las preguntas y respuestas aquí (en inglés).