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Si no hacía algo, iba a morir

13 julio 2016

Las víctimas de trabajo moderno incluyen a los trabajadores domésticos que son objeto de abusos y son mantenidos aislados por sus empleadores, Henriette Siliadin nos contó su historia: A su llegada a Francia, a los 14 años, se convirtió en una esclava.

Ilustraciones por Gill Button

©lisakristine.com
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Cuéntenos cómo comenzó todo.

Henriette Siliadin: Llegué a Francia a los 14 años, de Togo, acompañada por una señora que se llama Simone. Mis padres me habían confiado a ella, quien les había prometido que iría a Francia a trabajar en su casa, para ayudarla, continuar mis estudios y tener un futuro mejor. No fue eso lo que pasó. Después de dos meses, me di cuenta que no iría nunca a la escuela y que no tendría mis documentos en regla porque no me había declarado. Terminé trabajando casi cinco años en esa casa, comía las sobras de los niños, dormía en el piso, sin derecho a descansar o tener tiempo libre, a recibir educación o atención médica ni tampoco a salir de la casa. Sólo tenía el derecho de bajar a buscar a los niños y de llevar a cabo todo el trabajo doméstico, eso era todo.

Después fui a casa de otra mujer, Yasmina, que le había pagado a Simone para que yo trabajara en su casa. No recibí nada, ni dinero ni instrucción. Hacía todo lo que me pedía que hiciera en la casa. Ella me insultaba y me trataba como si no valiese nada.

Un día traté de escapar, pero un tío me llevó de regreso y me dijo que esa mujer le había prometido que me ayudaría a arreglar mis documentos, porque conocía a las personas correctas.

A partir de ese momento, me rendí. Hacía a la letra todo lo que ella me pedía, como un robot. Los años pasaban y yo no tenía más fuerzas, comencé a perder la visión. Más tarde supe que era anémica y estaba a punto de desmayarme porque no me había alimentado adecuadamente.

Esa mujer, Yasmina, me decía que yo no le importaba a nadie, que nadie me amaba. Que ella era la única que estaba dispuesta a cuidarme porque tenía un corazón grande. Por eso debería estarle agradecida y hacer todo lo que ella me pedía.

¿Cómo logró escapar?

HS: Un día hablé con la conserje del edificio, quien me dijo: “Eres tan joven, ¿por qué sólo te vemos cuando bajas a buscar a los niños y regresas enseguida a casa? No podía más, sentí que estaba llegando al límite de mis fuerzas. Si no hacía algo, iba a morir, o me tiraba por la ventana, o simplemente me derrumbaría. Ella me dijo: “No puedo hacer nada por ti, tu historia es increíble. Nadie te va a creer. Regresa a la casa y ven a comer a mi casa cuando la señora sale”. Fue lo que hice. En cambio, ella fue a hablar con la policía y le contó mi historia. Un día, la policía tocó la puerta y pude escapar de esa familia. Me tuvieron en custodia policial y luego me remitieron a una familia de acogida.

¿Cuándo decidió presentar denuncia?

HS: Ese día me llevaron ante el Comité contra la esclavitud moderna. Allí encontré a otras 60 personas, y todas tenían historias atroces que contar. Estas jóvenes mujeres habían sido golpeadas y violadas. Habían tenido que abortar en condiciones inseguras y tenía cicatrices en sus muñecas porque las había atado en el sótano cuando habían intentado rebelarse. Otras tenían quemaduras de planchas calientes por haber desobedecido a sus empleadores.

Ese día, me di cuenta que no estaba sola y que no podía permanecer en silencio. Cuando salí de la reunión – era un domingo – presenté una denuncia contra quienes me habían maltratado, porque ellos no tenían el derecho de hacerlo y porque esa injusticia tenía que terminar. Recibí, y sigo recibiendo, apoyo de parte del Comité contra la esclavitud moderna.

¿Qué sucedió después?

HS: La policía buscó a Simone, que me había traído a Francia, pero no logró encontrarla. Fui a ver a mis padres y supe que ellos, al igual que yo, habían sido engañados dos veces. Cuando le preguntaron a Simone dónde estaba y qué hacía, ella les dijo que yo había escapado y no sabía dónde me encontraba. En lo que se refiere a la segunda familia, la mujer y su esposo fueron condenados en primera instancia a 10 años de prisión y 10.000 euros de multa.

¿Qué sucedió en el tribunal?

HS: Cuando comparecí ante el tribunal del distrito, la corte tome en consideración mi caso rápidamente. Yo tenía la impresión de ser un monstruo y de que me acusaban de ser injusta. Pero eso no me asustó, aunque ellos no llegaron a decir lo que había pasado ni a reconocer el hecho de que me habían tratado mal, yo estaba diciendo la verdad. Eso me daba fuerza. Los papeles se revirtieron. Me dije: “Estoy hablando en mi nombre y en el nombre de todas esas mujeres jóvenes, que no han sido escuchadas, pero que existen y quienes merecen respeto y el derecho a vivir, sin importar cuál sea su situación”.


Acerca del COMITÉ CONTRE L’ESCLAVAGE MODERNE

El Comité contre l’esclavage moderne (CCEM) (Comité contra l’esclavitud moderna) ayuda en Francia a las víctimas de la esclavitud doméstica y el trabajo forzoso. Desde que fue creado en Francia, ha prestado asistencia a más de 500 personas, la mayoría de las cuales son mujeres. Además, actúa en Europa y las Naciones Unidas para hacer avanzar la lucha contra la trata de seres humanos.

Sus juristas ayudan a las víctimas, que son acompañadas por abogados voluntarios que las defienden a lo largo del proceso, se les facilitan el acceso a los procedimientos penales, incluso los procedimientos civiles y/o industriales, hasta las apelaciones ante la Corte Europea de Derechos Humanos.

Las personas asistidas reciben protección y se les ayuda a buscar un albergue. También reciben asistencia médica y psicológica y se les proporciona acceso a los servicios sociales y educativos.

El Comité ayuda a las víctimas a tratar con las prefecturas francesas, los consulados y las autoridades públicas.