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Acabar con la trata de personas: comó los periodistas pueden generar impacto

30 julio 2019

R.AGE es un equipo de periodistas de investigación fundado en Malasia que ha recibido varios galardones por su trabajo. Está integrado por jóvenes periodistas de gran talento que producen, filman y elaboran obras multimedia de gran repercusión con el fin de promover una transformación favorable de la sociedad.

©lisakristine.com

Uno de sus últimos proyectos, Student/Trafficked (estudiante/víctima de redes de trata de personas) sirvió para revelar una red mundial de traficantes de seres humanos. Dichos traficantes se hacen pasar por “agentes educativos” para atraer a jóvenes adultos interesados en realizar sus estudios en el extranjero. Su modus operandi es convencer a los estudiantes de que pueden trabajar a tiempo parcial para recuperar los costos de los servicios que contraten. Sin embargo, los jóvenes pasan a ser mano de obra de bajo costo en trabajos peligrosos, y terminan explotados, desilusionados y altamente endeudados. Varias agencias gubernamentales se han comprometido a adoptar firmes medidas contra los citados traficantes. También se ha revocado la licencia de casi 30 colegios y universidades.

La OIT se entrevistó con Elroy Yee, productor principal de R.AGE.

Aurélie Hauchère Vuong (OIT): ¿Cómo comenzó R.AGE a investigar casos de trabajo forzoso y de trata de personas?

Elroi Yee (R.AGE): Recibimos el aviso de una ONG local para comunicarnos que muchos trabajadores extranjeros seguían entrando en el país, pese a que el gobierno había declarado que ya se había alcanzado el cupo máximo establecido a tal efecto. A raíz de diversas entrevistas e investigaciones pudimos constatar que varias facultades estaban admitiendo a centenares o millares de estudiantes extranjeros, con frecuencia para que terminaran trabajando. Por lo general, esos estudiantes llegaban con la intención de estudiar, pero no tuvieron otra opción que trabajar.

AHV: R.AGE no sólo divulgó los casos de estudiantes de Bangladesh que fueron víctimas de redes de trata de personas que les obligaban a trabajar en Malasia, sino que puso en marcha asimismo una campaña. ¿Cuándo decidieron que no bastaba únicamente con narrar su historia?

EY: Ese ha sido nuestro modus operandi en R.AGE; nuestras historias deben ir acompañadas de la adopción de medidas. Considero que ello está en consonancia con la forma en la que el público reacciona a raíz de la denuncia de casos de abuso contra los derechos humanos. Por lo general, el público desea saber cómo puede contribuir y que puede hacer al respecto. Tenemos que tener la capacidad de ofrecerles la posibilidad de adoptar medidas viables y responsables.

AHV: En la serie documental Student/trafficked se utilizan vídeos, infografías y artículos. ¿Cómo consiguen conjugar esa diversidad de formatos, en particular los medios sociales y el periodismo de investigación, para lograr una narración convincente?

EY: Hemos tratado de divulgar nuestras historias al público a través de la mayor cantidad de formatos posible, en particular artículos extensos para el lector ávido, breves artículos de noticias adecuados para períodos de lectura más cortos, vídeos para el público que prefiere ver imágenes, y micro vídeos destinados a su divulgación en los medios sociales. El hecho de que las plataformas de medios de comunicación, especialmente los medios sociales, evolucionen a un ritmo tan rápido actualmente dificulta nuestra labor. Tenemos que ir a la par de esa evolución y, habida cuenta de ello, adaptar nuestras técnicas de narración. Por ejemplo, Instagram presentó su nueva aplicación IGTV el año pasado, lo que nos obliga a elaborar vídeos en formato vertical, en lugar del tradicional formato apaisado.

AHV: Usted participó en un taller de la OIT sobre trabajo forzoso en Jordania, con objeto de dar a conocer a otros periodistas el trabajo de R.AGE. Háblenos de esa experiencia…

EY: Uno de los temas de debate más habituales fue la reducción de los recursos disponibles para la actividad de los periodistas. Las redacciones disminuyen cada vez más su plantilla, de ahí que los periodistas tengan que trabajar mucho más y dar respuesta a mayores exigencias, puesto que la competencia en el sector nunca ha sido tan elevada. Por ello considero que los periodistas deben intensificar su colaboración. Es necesario compartir recursos para divulgar historias de mayor alcance y repercusión. Las iniciativas como el taller de la OIT contribuyen a que en la misma sala se reúnan periodistas de ideas afines, interesados en temas similares. Ello propicia la cooperación y cabe esperar que esas relaciones pasen a constituir ulteriormente colaboraciones profesionales.

AHV: A escala mundial, la información periodística que se divulga sobre el trabajo forzoso y la trata de personas sigue siendo escasa. Muchas personas ignoran esa dura realidad, incluido el hecho de que podría producirse en su país o en su entorno circundante, o afectarles como consumidores a través de los productos y servicios que adquieren. ¿Qué aconseja a los periodistas que deseen revelar historias de esas características en su país?

EY: Cada persona puede contribuir a cambiar la situación con sus propios reportajes. No hay que aceptar el statu quo. Es necesario estar siempre dispuesto a innovar. ¡Y se puede recurrir a R.AGE si se precisan colaboradores!