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10 ways to recognize modern slavery

8 octubre 2015

Uno de los mayores obstáculos en la lucha contra la esclavitud moderna es que con frecuencia está oculta a la vista de todos. Para comprenderla mejor, he aquí una lista de diez situaciones en las cuales se encuentran las personas víctimas de trabajo forzoso.

©lisakristine.com

1. Fueron engañadas

Muchas víctimas de la esclavitud moderna son inducidas a aceptar lo que en apariencia es una buena oportunidad, pero resulta ser mentira. Este ejemplo de Zambia lo ilustra: a una mujer joven le prometieron un empleo como camarera en Europa, pero cuando llegó descubrió que el empleo no existía y que su futuro jefe era un rufián. La violaron, le pegaron y la obligaron a trabajar como prostituta, ella no tenía adonde ir para pedir ayuda.

2.  Están aisladas

Las víctimas pueden estar físicamente aisladas y obligadas a trabajar en lugares remotos o, simplemente, se les impide que comuniquen con sus amigos, familiares o cualquier otra persona que hable su idioma. Por ejemplo, en Francia una trabajadora doméstica proveniente de China tenía que trabajar los 365 días del año y le estaba prohibido salir de la casa. Los inspectores del trabajo que descubrieron su situación dijeron que ella había sido aislada de sus familiares en China y que casi no hablaba francés. No tenía a nadie con quien hablar ni ninguna manera de pedir ayuda.

3. Sus pasaportes les han sido confiscados

La confiscación de los pasaportes u otros documentos importantes es otro medio de coerción frecuente para que los trabajadores acepten las malas condiciones de vida y de trabajo. Por ejemplo, un nepalés encargado del mantenimiento en el Oriente Medio contó que su empleador le impedía dejar su trabajo o ir a su casa, le quitó su pasaporte y se negó a devolvérselo. Sin el pasaporte, él no podía regresar a Nepal ni tampoco ir a la policía porque temía ser arrestado por no tener visa.

4. Trabajan para pagar una deuda

Muchas víctimas del trabajo forzoso intentan cancelar una deuda. No se trata de una deuda cualquiera, ya que la víctima no tiene la posibilidad de negociar los términos, que pueden cambiar a discreción del “prestamista” y pasar de una generación a otra. Esto se llama servidumbre por deudas y es muy común en Asia Meridional.

Esta es la historia de un pakistaní que terminó en servidumbre por deudas después de haber pedido prestada una cifra equivalente a 200 dólares a un prestamista. Cuando sólo le quedaban por pagar 50 dólares, el prestamista le dijo que la deuda era de 400 dólares. El hombre no podía demostrar que el prestamista mentía, así que tuvo que ir a trabajar para él en una mina con la esperanza de cancelar su deuda.

5. Les prometen un salario que nunca reciben

El pago irregular o atrasado de los salarios no siempre implica esclavitud moderna. Pero cuando son retenidos deliberadamente para obligar a los trabajadores a aceptar sus malas condiciones de trabajo o impedirles cambiar empleo, se convierte en un indicio de trabajo forzoso.

Por ejemplo, un joven nigeriano fue a trabajar en una granja en otra región del país para mantener a su familia. Le prometieron alojamiento y un buen salario, pero nunca le pagaron. Cada vez que reclamaba, el propietario le prometía que le pagaría más adelante. Cuando finalmente él joven dijo que se iría, el propietario le pegó y lo amenazó con no pagarle del todo.

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6. Trabajan largas jornadas pero no les pagan las horas extras

Un joven banglasesí que encontró empleo en la construcción contó que solía trabajar turnos de 19 horas sin una pausa, no le pagaban las horas extras y nunca tuvo vacaciones. “Me trataban como un animal”, dijo. Los horarios de trabajo extremos pueden parecer un indicador evidente de trabajo forzoso pero, en la práctica, comprobarlo puede ser muy complejo. Como norma general, si un empleado está obligado a trabajar un número mayor de horas extra de lo que la legislación nacional permite y, si está bajo algún tipo de amenaza, se considera trabajo forzoso.

7. Viven y trabajan bajo condiciones abusivas

En Brasil, un inspector laboral recuerda haber encontrado trabajadores en una hacienda, o plantación, que vivían en barracas de plástico y bebían agua contaminada. “Los escondían en huecos detrás de los arbustos  para que no los viéramos hasta que nos íbamos”. Las víctimas de la esclavitud moderna están sometidas a condiciones de vida y de trabajo que nadie aceptaría voluntariamente. Si bien por sí mismas no constituyen una prueba de trabajo forzoso, las malas condiciones de trabajo con frecuencia son una señal de advertencia.

8. Han sido intimidadas o amenazadas

Las amenazas y la intimidación son la base de la esclavitud moderna, que generalmente explotan la vulnerabilidad de una persona que ya se encuentra en una posición débil. Esta fue la experiencia de una trabajadora doméstica etíope en Líbano quien decidió abandonar su empleo. “La mujer para la cual trabajaba me amenazaba y decía que si no le daba 600 $ ella me denunciaría a la policía y le diría que no tenía documentos. No había nada que yo pudiese hacer, no tenía documentos y sabía que la policía no me ayudaría”.

9. Están psicológicamente atrapadas

“Una joven de 16 años de Kazajistán, víctima de la trata con fines de prostitución en Rusia, recuerda que vivía en una habitación con barrotes en las ventanas y una puerta de hierro. “Era imposible escapar. Duró dos meses. Me llevaban a ver a mis “clientes” y me traían de regreso, siempre bajo vigilancia”. Secuestrar a las personas para explotarlas o mantenerlas encerradas es una señal evidente de trabajo forzoso.

10. Han sido golpeadas o violadas

La violencia física es, lamentablemente, una característica común de la esclavitud moderna. Puede ser utilizada para ejercer un control sobre las víctimas o para obligarlas a realizar tareas en contra de su voluntad, como tener relaciones sexuales con su empleador o trabajar sin recibir un salario. “Los abusos comenzaron casi inmediatamente después de mi llegada y cada vez eran más frecuentes y violentos”, recuerda esta trabajadora doméstica camboyana de 22 años que fue a trabajar para una familia en Malasia. “Regularmente me pegaban cachetadas, puños y me azotaban”.