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No podía seguir viviendo como una esclava

1 diciembre 2017

“Una vez ella me encerró durante tres días en una habitación vacía sin nada que comer ni beber. ¡Sin agua, nada! Nunca antes había sentido tanta sed, la desesperación me estaba volviendo loca, hasta bebí mi orina”. Rosa, ex trabajadora doméstica de Togo en Líbano.

 

©lisakristine.com

Rosa es una de las miles de trabajadoras y trabajadores migrantes que han caído víctimas del trabajo forzoso, después de haber aceptado un empleo en el exterior.  El Protocolo sobre trabajo forzoso de la OIT tiene el objetivo de proteger a mujeres como Rosa. Lea su historia:

Lamenté haber dejado Togo, haber dejado mi trabajo en la fábrica, y lamenté profundamente haber dejado mis hijos. Pero pensé que estaba ayudando a mis hijos y que les estaba ofreciendo la oportunidad de tener un futuro mejor. El empleo en Líbano me prometía 40 dólares más al mes. Ese dinero haría tanto bien a mi familia, pero eran todas mentiras.

Llegué a Beirut y la agencia me colocó en una familia rica que vivía en la periferia. Ellos poseían muchas cosas bellas. Trabajé allí durante diez meses, día y noche, sin interrupción y sin un solo día de descanso.

Me permitían comer dos veces al día, durante dos minutos solamente a las 2 p.m. y a las 10 p.m. La señora se quedaba cerca de mí y tomaba el tiempo con su teléfono, hasta que sonaba la alarma. Sólo me daban un pedazo de pan, y la señora nunca me lo daba directamente, lo tiraba al piso. Si no había terminado mi pedazo de pan cuando habían pasado los dos minutos, ella me lo arrebataba y lo tiraba a la basura. Nunca me daba agua, así que me escondía en el baño para tomar agua.

ENGAÑADA Y ATRAPADA

Una vez, ella me encerró en una habitación durante tres días sin nada que comer ni beber. Estaba tan desesperada que bebí mi orina. Todos los días la señora me pegaba con un zapato, un bastón o una correa sin ningún motivo. Todavía hoy, sigo sintiendo dolor en mis oídos donde ella me pegaba. Quería huir, pero estaba constantemente vigilada y ellos me encerraban todo el tiempo, además aún no me habían pagado. Un día, le pedí a la señora que me dejara ir, pero ella me dijo que ellos habían gastado mucho dinero para llevarme hasta allí y que yo tenía que quedarme 15 meses sin ningún salario.

Pensé que la situación no podía empeorar, pero lo hizo.

Un día, después de diez meses que trabajaba para ellos, me desperté en el hospital con puntos en mi estómago. Los puntos eran muy ordenados, trazando una línea derecha justo hasta el centro de mi estómago. No sabía qué había sucedido y nadie quería decírmelo. Finalmente, la señora me dijo que me había caído de la ventana. Pero no tenía sentido, no recordaba haber estado cerca de la ventana. Ellos se negaron a darme otra explicación. Después de dos días en el hospital, vino a buscarme el padre de la señora, yo seguía sangrando y estaba débil, pero él me llevó a su casa y me encerró en una habitación sin ventanas. Pasé ocho días encerrada en esa habitación oscura. Un día la señora abrió la puerta y me dijo: “Vas a regresar a casa”.

Me dejaron en el aeropuerto, con un boleto, mi maleta y dos meses de salario en vez que los diez meses que me debían. Estaba tan débil que apenas me mantenía de pie, pero finalmente estaba lejos de la señora y de los otros. Con dificultad arrastré mi maleta dentro del aeropuerto, cada paso parecía un kilómetro. Entonces me dirigí a la Seguridad general, ellos examinaron mi pasaporte y me miraron con sospecha. Pesaba 72 kg cuando llegué a Líbano, sólo 32 kg cuando la pesadilla había terminado.

RESCATADA

El personal del servicio de seguridad notó mi mal estado de salud, se rehusaron a dejarme viajar y llamaron al empleador que me había dejado en la agencia de contratación que me había colocado en esa familia originalmente. Recuerdo su cara horrorizada cuando me vio. Les conté todo lo que me había pasado y me enviaron directamente al hospital. Entonces ellos llamaron a Caritas y después de una semana en el hospital, fui a un refugio Caritas

En el refugio, las otras muchachas me tenían miedo porque estaba tan delgada, pero Caritas me ayudó a recuperarme. Me devolvieron a la vida. Me asignaron un abogado quien luchó por mí para que obtuviera mi salario con la ayuda de la Seguridad general, y fui recompensada con 6.000 dólares. En el refugio, aprendí a confeccionar tarjetas de felicitación, y quiero convertir esta actividad en un pequeño negocio en Togo. Pronto regresaré a mi país, sueño con mi familia y mi casa. Cuando esté en Togo quiero ir a la radio y contar mi historia, la gente debe saber, debe saber lo que está pasando aquí.

Esta historia se basa en un testimonio real, los nombres han sido cambiados.


Acerca de Caritas

Caritas está constituida por 165 organizaciones miembros reunidas en una confederación al servicio de las personas pobres, vulnerables, desposeídas y marginadas de todo el mundo. Caritas es socia de la campaña 50 for Freedom de la OIT que sensibiliza sobre la esclavitud moderna y promueve la ratificación del Protocolo sobre trabajo forzoso. Para saber más, visite www.50forfreedom.org.

Desde 1994, Caritas Líbano atiende las necesidades legales, sociales y humanitarias de los trabajadores domésticos migrantes y de los refugiados Hasta la fecha, ha proporcionado un apoyo vital a más de 1.540.000 migrantes.

La OIT y Caritas Líbano llevaron a cabo una ambiciosa investigación para comprender mejor los obstáculos que impiden el acceso de los trabajadores domésticos migrantes a la justicia en Líbano.

Caritas Líbano es socia del Foro de migrantes de Asia (MFA, en inglés) una red regional de organizaciones no gubernamentales (ONG), asociaciones y sindicatos de trabajadores migrantes y defensores individuales que están comprometidos a proteger y promover los derechos y el bienestar de los trabajadores migrantes. MFA es también socio de la campaña 50 for Freedom.

¿Qué es el sistema kafala?

El sistema de patrocinio de visas rige la situación de millones de trabajadores migrantes en el Oriente Medio. Los trabajadores están vinculados a un patrocinador o kafeel. En la mayoría de los países, el patrocinador controla gran parte de los aspectos de su vida. El proyecto FAIRWAY de la OIT busca reformar los elementos de explotación más graves del sistema de patrocinio del kafala. Diversos países en la región han comenzado una reforma del sistema del kafala.