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“¡Deberías estar agradecida!”

22 octubre 2018

Esta es la frase que muchas víctimas de trata escuchan: que deberían estar agradecidos por tener un trabajo, un techo sobre la cabeza y comida, aún cuando son explotadas y maltratadas. Esto fue exactamente lo que le dijo a Shadia su empleador, para el cual trabajó durante dos años sin recibir nunca un salario. Ella tenía 16 años, cuando un hombre de su aldea en África Subsahariana la contrató para trabajar en su casa en Bélgica, con la promesa de un buen sueldo. Una promesa que nunca cumplió…

©lisakristine.com

“Cuando el señor Thiam* regresó de visita a la aldea mató una cabra para celebrar la ocasión. Después del festín mi padre vino a buscarme. Me dijo que el señor Thiam trabajaba en la Embajada en Bélgica y que había ido a la aldea para buscar a una muchacha que pudiese partir con él para que se ocupase de su casa. Después de una larga discusión, ellos habían decidido que yo era la persona adecuada. Comencé a llorar, porque de verdad no quería dejar a mi familia, y temía no volver a verlos si iba a ese país. Mi padre me tranquilizó, me dijo que el señor Thiam me pagaría 100.000 francos CFA inmediatamente. Después, él me pagaría la mitad de mi salario y la otra mitad la enviaría a mi familia. Sabía que mi familia necesitaba el dinero, sobre todo desde la crisis del cacao, que había afectado mucho nuestra aldea. Así que me resigné a partir. El día siguiente me despedí de mis padres y mis hermanos pequeños y me subí al automóvil”.

“El señor Thiam me trató con mucha amabilidad. Cuando llegamos a la capital, me dio dinero para comprar ropa y se ocupó de los trámites de mi pasaporte y mi visa”.

“Una semana más tarde tomamos un avión para Bruselas. Allí fue cuando su comportamiento comenzó a cambiar. Era esquivo, mi sola presencia parecía irritarle. No me atreví a reaccionar”.

“Cuando aterrizamos en Bruselas, fue terrible, había 5º C. Pensé que moriría de frío. No me lo esperaba. Pero no fue nada comparado con la gélida bienvenida que recibí en la magnífica casa del señor Thiam. Su esposa no me dirigió la palabra, sólo me miró de la cabeza a los pies. Me mostró mi “habitación”, un hueco de dos metros cuadrados donde podía guardar mis cosas. Una hora más tarde estaba frente al fregadero lavando los platos”.

“A partir de entonces, todos los días eran iguales, trabajaba desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche, lavando los platos y la ropa, limpiando, cocinando y cuidando a los niños”.

“Al terminar el primer mes, le pedí tímidamente al señor Thiam la mitad de mi sueldo, como habíamos acordado. Me respondió que mi pasaje había costado mucho y que me daría mi sueldo una vez que ese dinero hubiese sido reembolsado, pero que había enviado la otra mitad de mi salario a mis padres”.

“Tres meses más tarde, no había recibido ningún salario. Cuando osé preguntarle por mi sueldo, el señor Thiam se enfureció y me dijo: ‘Deberías estar agradecida de vivir en Bélgica y no tener que preocuparte por qué comerás esta noche’, me gritó y me abofeteó, con violencia. ‘Ahora sabes quién manda aquí’”.

“Seguí trabajando para él, a pesar del maltrato, para ayudar a mi familia. Fue sólo dos años más tarde cuando supe que mi familia tampoco estaba recibiendo dinero alguno. Entonces decidí ir a la policía para pedir ayuda. Los policías me escucharon, me explicaron lo que tenía que hacer y me dieron el nombre de una asociación que podía ayudarme”.

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Fue entonces cuando Shadia llegó al refugio de PAG-ASA. PAG-ASA es una asociación belga que ofrece apoyo a las víctimas de la trata (albergue, asistencia psicológica, administrativa y legal) y se esfuerzan por dar a conocer el problema. PAG-ASA participó en el lanzamiento de la campaña 50 for Freedom en el Parlamento Europeo en 2016.

Con el apoyo de PAG-ASA, Shadia demandó al señor Thiam y a su esposa. Lamentablemente, ellos gozaban de inmunidad diplomática y por lo tanto no podían ser juzgados, Shadia no podía regresar a su casa porque había denunciado a un diplomático y ahora era buscada por la policía de su país de origen. Pero, afortunadamente, bajo la ley belga, las víctimas de este tipo de injusticias pueden solicitar que su situación sea regularizada. Le otorgaron un permiso de residencia por motivos humanitarios. Shadia participó en cursos de formación y trabaja en Bélgica.

El Consejo de la Unión Europea instó a los 28 Estados miembros de la UE a ratificar el Protocolo sobre trabajo forzoso de la OIT tan pronto como sea posible, preferiblemente antes del 31 de diciembre 2016. Hasta la fecha, sólo doce países de la UE lo han hecho.

* Los nombres y la información sobre la identidad han sido modificados para proteger a las víctimas.